La pandemia de nuestros bisabuelos

La gripe Española de 1918

Asoladora, mortífera, destructora… estos son algunos de los calificativos atribuidos a la llamada gripe española, considerada, con la Peste Negra, una de las pandemias más devastadora de la historia de la humanidad. Estudios actuales elevan el número de muertes entre los 50 y 100 millones de personas en todo el mundo. Ningún rincón del planeta se mantuvo a salvo del virus.



También conocida como la Gran Gripe, la epidemia de gripe de 1918 fue causada por un brote de influenza Virus A del subtipo H1N1 y se estima que el 55% de la población mundial enfermó y mató entre el 1 y 2% de la población mundial.  A diferencia de otras epidemias de gripes que afectan casi siempre a niños y ancianos, esta fue especialmente virulenta con jóvenes y adultos, saludables y animales (entre ellos perros y gatos).

Hospital de campaña durante la pandemia de Gripe española en 1918

El primer caso del que se tiene constancia se registró en Estados Unidos, concretamente en Fort Riley, Kansas, el 11 de Marzo de 1918. De madrugada un soldado aquejado por los típicos síntomas de una gripe es atendido en la enfermería. Al mediodía, los pacientes habían aumentado a más de 100 y en una semana eran más de 500.

Niños con mascarillas de protección

En el mes de abril de ese mismo año tropas Estadounidenses desembarcaron en Europa portando el virus por lo que la movilidad de las mismas facilitó enormemente la propagación a nivel mundial de esta enfermedad.

Los países involucrados en la I Guerra Mundial decidieron no hacer pública la información relativa a esta enfermedad que estaba acabando con los soldados de ambos bandos, sin embargo en España, país neutral, la epidemia tuvo una gran resonancia informativa, lo que implicó que se denominara “Gripe Española” a la enfermedad pese no haber tenido su origen en España.

Recientemente se ha hecho pública una emotiva carta escrita por un enfermo de gripe española a su esposa el 17 de septiembre de 1919, pocos días antes de fallecer. Su bisnieta, la australiana Fiona Pepper, la ha compartido en twitter.

Desde el hospital de Geraldton (Australia) donde se encontraba ingresado, el bisabuelo de Fiona relata su estado de salud, evidenciando síntomas muy parecidos a los del coronavirus. 

«Mi querida Muriel, 

Este es mi primer intento de escribir durante más de un mes, así que espero que seas considerada conmigo. Esto sentado en el balcón, con el abrigo sobre el pijama, con los calcetines y las botas puestos. 

Sabes, por supuesto, lo mal que he estado y, en este momento, sabes que estoy muy débil. No puedo vestirme sólo, no puedo hablar correctamente… Si no, te hablaría por teléfono, pero sólo puedo caminar unos veinte metros sin cansarme. Tengo que luchar por mi aliento. Mi corazón está muy débil y hasta que eso no mejore, habrá poca esperanza para mí. 

Los días son agradables, pero temo las noches, sin dormir, tosiendo y luchando por respirar. Si me siento como estoy ahora, la respiración no me angustia mucho. Ansío dejar este lugar, pero temo dejar al médico en caso de que tenga un ataque cardíaco que sería fatal. 

Mi querida enfermera, una joven de 22 años, ha sido muy amable y considerada conmigo, pero no vino hoy. Espero que no se haya contagiado de la enfermedad, pobre niña. 

Me temo que he escrito mucho, todo sobre mí, pero ya sabes dónde están mis pensamientos, contigo, mi querida, y con los niños. 

El sol se está poniendo ahora y la enfermera me traerá té en un minuto, así que debo dejarlo. 

Sigo siendo tu esposo siempre lleno de amor, Harry».

 

 Tras provocar más del doble de muertes que la propia guerra mundial, tal y como llegó, el virus desapareció en el verano de 1920.

En nuestras investigaciones genealógicas hemos podido constatar en muchas ocasiones las devastadoras consecuencias de esta pandemia que afectó especialmente a España. Familias enteras fallecieron y numerosos pueblos vieron como mermaba su población hasta su práctica desaparición por esta enfermedad.

Aunque mucha gente la desconocía, lo cierto es que esta pandemia la vivieron en sus propias pieles nuestros bisabuelos y tatarabuelos. Al parecer fueron temporeros españoles los que trajeron el virus a su vuelta desde Francia. Madrid, las dos Castillas, Extremadura y Andalucía fueron las zonas más castigadas por la enfermedad, que se calcula acabó con la vida de doscientas cincuenta mil personas.

Coronavirus vs gripe española

Cien años después, un nuevo virus vuelve afectar a la población mundial. Esta vez, a diferencia de la Gripe Española que afectaba principalmente a adultos y jóvenes saludables entre los 20 y 40 años y a animales como perros y gatos, el Coronavirus afecta sobre todo a personas en edades entre los 40 y 80 años, en donde se centran casi el 60% de los casos no encontrándose, hasta el momento, evidencia de que los perros y gatos puedan transmitir o ser portadores del virus.

Las similitudes más apreciables es que ambos virus afectan a las vías respiratorias siendo en la Gripe Española los síntomas de fiebre elevada, dolor de oídos, cansancio, diarreas, vómitos y dificultad respiratoria que se complicaba provocando una neumonía bacteriana, para la que no se contaban con antibióticos disponibles y ello hacía que la mortalidad fuese mucho más elevada.

Hospital de campaña durante la pandemia de Covid-19 en 2020

Los síntomas de fibre, dolor muscular y dificultad respiratoria del Covid-19 son comunes a los de la gripe española, no obstante aunque todavía no se dispone de vacuna para la misma, la evolución de la medicina en todos estos años, los fármacos y la gran cantidad de información a la que tiene acceso la población para la prevención de la misma hacen que las expectativas para este nuevo virus sean mucho más positivas que hace un siglo.



Eso sí, las medidas de protección para la población poco han variado en estos más de cien años de diferencia: aislar inmediatamente a las personas portadoras del virus o muestren indicios de tenerlo, extremar la limpieza de las ropas y utensilios que se pongan en contacto con los enfermos, lavarse las manos a menudo, taparse la nariz y boca con mascarillas, mantener la distancia prudencial entre personas, evitar aglomeraciones y espacios cerrados…. y a pesar de todos los avances que ha habido en estos años, el recurso de la cuarentena se sigue utilizando y resulta ser la medida de protección más efectiva para para luchar contra el contagio.

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