Niños huérfanos, expósitos, naturales, ilegítimos y demás…

Cuando nuestros clientes nos explican lo poco o mucho que conocen de su historia familiar, a menudo aparecen casos que se podrían considerar “especiales”, de personas cuya filiación siempre ha generado dudas en el ámbito familiar.

Desde el punto de vista de la genealogía, cabe distinguir cada caso particular y catalogarlo correctamente en su categoría para tomar las acciones necesarias que permitan seguir progresando en la investigación del árbol genealógico.

Conviene por tanto diferenciar los siguientes casos:

Personas huérfanas

En principio este caso no ofrece ninguna dificultad para la identificación de los padres. Simplemente el padre, o la madre, o ambos fallecieron siendo el hijo menor de edad, pero la inscripción de nacimiento en el registro civil o la partida de bautismo eclesiástico debería informar sin problemas de los nombres de sus progenitores.

Es habitual la confusión entre niños huérfanos y niños expósitos que han sido abandonados por los padres, pero en realidad pensamos que eso es un error, ya que esta circunstancia debe incluirse en la siguiente categoría:

Personas expósitas, hijos de padres desconocidos

Son aquellas cuya crianza ha sido confiada por sus padres a una institución de beneficencia. Existen multitud de motivos para ello, pero los más usuales son la falta de recursos económicos para hacer frente a una crianza digna y/o la voluntad de ocultar un parto fruto de una relación ilegítima o considerada inaceptable por la sociedad.

En ocasiones estos niños eran abandonados frente a la vivienda de alguna familia acomodada, en la puerta de una iglesia o en establecimientos benéficos, muchas veces regidos por religiosas, como son los llamados Hospicios, Inclusas, o Casas Cuna. De ahí vienen los otros nombres por los que se conoce a un niño abandonado o expósito: Hospiciano, inclusero o cunero.

Es muy común que estos niños fueran registrados con apellidos con connotaciones religiosas: De la Iglesia, San Juan, De Dios, De María, etc… pero en otras ocasiones el apellido impuesto era simplemente Expósito o incluso Incógnito.

De todos modos, se dan casos en que se ha intentado ocultar este origen registrando a los niños con apellidos muy comunes en el lugar, con lo que presumiblemente pasarían desapercibidos.

Para la investigación genealógica son casos difíciles puesto que muchas veces el origen de estas criaturas era precisamente lo que se pretendía esconder con su abandono, no obstante los archivos históricos locales suelen conservar documentación de los hospicios.

En esta documentación suele encontrarse como mínimo el expediente del menor y en algunas ocasiones incluso las circunstancias en que fue recogido.

Hijos naturales o hijos ilegítimos

Se denominan así aquellas personas cuyos padres no han contraído previamente matrimonio.

En muchas ocasiones esta circunstancia no es un problema para averiguar quienes son su padre y su madre, si ambos reconocieron al hijo como suyo y así constan en documentos como la partida de nacimiento, bautismo, matrimonio o defunción de la persona.

Cuando esto no es así y sólo consta en los documentos uno de los dos progenitores, hablamos de hijos naturales de padre desconocido o de madre desconocida:

Hijos de padre desconocido, o hijos de madre soltera

Generalmente se trata de personas cuyos progenitores no estaban casados y la identidad del padre no consta en ningún documento personal del hijo/a, en la mayoría de casos debido a que la madre fue abandonada por el padre biológico o bien este estaba casado con otra mujer.

A veces estos hijos son reconocidos posteriormente como suyos por el padre en un documento notarial o en el propio testamento.

Hijos de madre desconocida

Aunque son poco frecuentes, se dan casos en los que el bebé, fruto de una relación fuera del matrimonio, es acogido por el supuesto padre biológico, quien se hace cargo de su crianza dejando en el anonimato a la madre biológica.

Hijos legítimos

Se incluyen en este grupo todos los hijos habidos en una relación matrimonial, ya que se da por hecho que son hijos biológicos de ambos cónyuges, aunque obviamente la única forma de poder demostrarlo científicamente es mediante una prueba de ADN.

Hijos adoptados

Son aquellos que  han sido acogidos por una familia, independientemente de la edad que tuvieran en el momento de la adopción (siempre antes de la mayoría de edad) y de si la esta fue legalizada y comportó o no un cambio en los apellidos de la persona.

En muchos casos se trata de niños expósitos.

Desde el punto de vista genealógico, para poder identificar a los padres biológicos será necesario estudiar el expediente de adopción, si existe.

 

La evolución de la sociedad ha hecho que en la actualidad existan diferentes tipos de familia. Obviamente este artículo se refiere a los casos que pueden encontrarse durante una investigación genealógica de antepasados que abarque desde unas décadas a varios siglos atrás, cuando existían una serie de tabúes y una fuerte presión social debido a las creencias religiosas.

 

Consúltanos tu caso particular y te ayudaremos a descubrir tu historia familiar.

 

Quiero saber quiénes eran mis antepasados judíos para conseguir la nacionalidad española.

¿Tengo derecho a solicitar la nacionalidad española como descendiente de judíos?

Recibimos constantemente consultas de este tipo y creemos importante conocer lo que dice la ley respecto a este tema.

Para empezar, el solicitante debe acreditar fehacientemente su condición de sefardí, esto puede realizarse por diferentes medios.

¿Cómo puedo demostrar que soy sefardí?

Un documento clave es el Certificado expedido por el Presidente de la Comisión Permanente de la Federación de Comunidades Judías de España. La web de la Federación es www.fcje.org

¿Es importante el idioma familiar?

Se considerará una prueba válida la acreditación del uso del ladino o “haketía” como idioma familiar, para lo cual se deberá aportar un certificado emitido por una entidad de competencia suficiente, reconocida oficialmente en el país donde radique o imparta enseñanza.

¿Cómo demuestro que mi familia ha seguido las tradiciones sefardíes?

La “ketubah” o certificado matrimonial en el que conste su celebración según las tradiciones de Castilla debe solicitarse en el Registro civil del país donde se hubiera inscrito el matrimonio, si se reconoce como título hábil para efectuar la inscripción dicho certificado, o en la Federación de Comunidades Judías del país de origen o de la Comunidad judía o autoridad rabínica de la zona de residencia del interesado que así lo acredite.

Mi apellido aparece en las listas de apellidos judíos

Si hablamos de apellidos, sólo son válidos, a efectos de la Ley, los apellidos de origen inequívocamente sefardí, aunque  pueden admitirse si se justifican adecuadamente, las variaciones que hayan sufrido estos apellidos como consecuencia de la influencia de los idiomas propios de los lugares donde se establecieron las comunidades sefarditas con posterioridad a su expulsión de España.

En este sentido, se considera que la facultad de certificación corresponde a las entidades oficialmente  reconocidas y con competencia suficiente, ello sin perjuicio de que las personas físicas que ejerzan tal actividad con carácter profesional como empresarios individuales o autónomos debidamente acreditados y que alcancen dicho reconocimiento puedan considerarse a estos efectos entidades con competencia suficiente.

Es en este punto donde un estudio genealógico de antepasados puede ayudar, por ejemplo, a acreditar la pertenencia a un linaje o certificar un cambio en la grafía de un apellido determinado con una base documental.

Por tanto, un estudio genealógico, heráldico o genético puede ser valorado pero debe aportarse junto con otras pruebas, ya que será el Notario quien deberá, sobre la base de dichos documentos, entender acreditada la condición de sefardí originario de España, así como la especial vinculación con España del solicitante.

Respecto a las famosas “listas de apellidos judíos”, el único listado de familias sefardíes protegidas por España es la contenida en la Orden Circular nº 2217 de 11 de febrero de 1949, publicada como consecuencia de lo dispuesto en el Decreto-ley de 29 de diciembre de 1948, B.O.E. 9 de enero de 1949, relativo al canje de notas efectuado entre España y Egipto el 16 y 17 de enero de 1935 y con Grecia el 7 de Abril de 1936.

Tener un supuesto apellido judío no es suficiente, el apellido debe ser sefardí, pero tampoco la simple tenencia de un apellido sefardí basta por sí sola para acreditar tal origen, sino que constituirá uno de los medios probatorios de los que se enumeran en el art.1.2 de la ley que se valoraran en su conjunto.

No existe un listado oficial de apellidos o linajes judíos o sefardíes.

¿Qué otras pruebas puedo presentar para acreditar la vinculación con España?

Como prueba de una especial vinculación con España servirá la acreditación de realización de actividades benéficas, culturales o económicas a favor de personas o instituciones españolas, pero hay otras muchas circunstancias que pueden contemplarse a los efectos de acreditar la especial vinculación con España, y que serán objeto de valoración conjunta, junto con el resto de los medios probatorios recogidos en la ley. A título de ejemplo, sin ánimo de ser exhaustivos, cabe destacar las siguientes: estar casado con o ser pareja de hecho de un/a nacional español/a, tener o haber tenido ascendientes o descendientes en línea recta de nacionalidad española, tener acciones en una empresa española, tener una vivienda u otros bienes en España, haber cursado estudios de intercambio en una ciudad española, tener un contrato de trabajo en España, realizar o haber realizado donativos a instituciones benéficas españolas, patrocinar o haber patrocinado a organismos públicos españoles, vivir o haber vivido en España durante al menos seis meses, haber celebrado cursos de diferente naturaleza impartidos en España, tener hijos matriculados en colegios o universidades españolas, ser socio de cualquier club español de diversa índole (deportivo, cultural…), etc.

 

En resumen, la ley contempla una serie de circunstancias para probar la condición de sefardí, pero no es necesario cumplir con todos y cada uno de los requisitos. Como ejemplo,  el dominio de la lengua ladina y la tenencia de un apellido sefardí son dos de los medios contemplados en la ley para acreditar la concurrencia de las circunstancias especiales previstas en ella, pero su ausencia no significa la denegación de la nacionalidad, siempre que puedan acreditarse dichas circunstancias por otros medios de los previstos en la ley, que serán objeto de valoración conjunta.

Puedes completar esta información en los siguientes enlaces:

http://www.mjusticia.gob.es/cs/Satellite/Portal/es/areas-tematicas/nacionalidad/concesion-nacionalidad

http://www.mjusticia.gob.es/cs/Satellite/Portal/es/areas-tematicas/nacionalidad/concesion-nacionalidad/preguntas-frecuentes/documentos-debo-aportar

 

Cómo saber el verdadero origen del apellido – ¿Es esto posible?

A diario recibimos consultas en las que nos preguntan por el origen de un determinado apellido. De hecho, ¿Quién no se ha preguntado alguna vez de donde viene el suyo?

Ahora bien, esta pregunta es tan amplia como difícil de contestar en muchos casos. Ante todo conviene distinguir entre el origen etimológico del apellido y su origen geográfico.

Origen etimológico del apellido

El origen etimológico del apellido, es decir, de donde viene o que significa la palabra, nos permite saber si se trata de un apellido toponímico, patronímico, derivado de una profesión, de un cargo, de un rasgo físico o del carácter, etc… De este modo lo podemos clasificar según el tipo de apellido.

Origen geográfico del apellido

Origen geográfico del apellido

El origen geográfico del apellido es el lugar de donde era originaria la persona que usó por vez primera un apellido. Este origen del apellido es relativamente fácil de determinar en aquellos apellidos toponímicos que se refieren a un pueblo o ciudad, como por ejemplo CASTILLA, ZARAGOZA, SORIA, etc., pero es casi imposible de determinar en todos los demás casos.

Por ejemplo, el apellido RÍO (o DEL RIO) se usó por primera vez para identificar a una persona o familia que vivía cerca de un río, por tanto pueden haber tantos orígenes geográficos como personas cumplieran con esa condición.

Para los apellidos patronímicos –aquellos que derivan de un nombre propio, como MARTÍN, ESTEBAN, SÁNCHEZ, GONZÁLEZ, etc. – tampoco es posible determinar un origen geográfico concreto ya que las personas con dicho nombre estaban lógicamente diseminadas por todo el territorio donde se hablara el idioma, castellano en este caso.

Lo mismo podemos decir de los apellidos derivados de profesiones. ¿A alguien se le ocurre pensar, por ejemplo, que todas las personas apellidadas ZAPATERO descienden de un único señor que fabricaba zapatos?

En el caso de los apellidos descriptivos, igualmente es fácil darse cuenta de que un apellido como CALVO o DELGADO no puede tener un único origen.

Informaciones falsas sobre el origen del apellido

Entonces, ¿no son ciertas las informaciones que hablan del origen del apellido que podemos encontrar en algunas páginas web?origen del apellido

Pues de todo hay, existen páginas fraudulentas que muestran la misma información genérica para todos los apellidos, sea cual sea el buscado, está claro que estas páginas web no nos aportarán nada.

Por otra parte, algunas páginas web más serias ofrecen información extraída de prestigiosas obras enciclopédicas en las que se narra la historia del apellido nombrando a un personaje concreto como tronco principal del apellido.

Sin embargo hay que entender que esta persona es quizás la más antigua con ese apellido de la que se ha encontrado documentación, pero nadie nos puede garantizar que, independientemente de su relevancia social, fuera la que diera origen al apellido y por tanto sea el antepasado común de todos los que actualmente lo llevan.

En realidad lo que se nos presenta como el origen del apellido no es más que una parte de la historia de un linaje o familia que usó ese apellido hace siglos, como pudo haber muchas otras de las que no se ha conservado información debido a su menor rango social.

investigacion-apellidoPero estos textos suelen relatar hechos que satisfacen el ego de muchas personas creyéndose descendientes de tal o cual personaje noble, sin pararse a pensar que muy posiblemente no les une ninguna relación de parentesco.

Y puestos a interesarnos por la historia de una familia con nuestro apellido, ¿no es de sentido común centrarnos en la nuestra? Llegados a este punto es obvio que una investigación genealógica ascendente por la rama del apellido partiendo de nosotros mismos es la manera correcta de saber más acerca de nuestro propio linaje.

Finalmente tras el estudio genealógico y a partir de los documentos encontrados de nuestros propios antepasados es posible que lleguemos a la conclusión de que existe realmente parentesco con aquel personaje histórico que aparece en la “historia del apellido” o bien que lo desestimemos completamente.

En el peor de los casos la búsqueda de documentación relativa a nuestros antepasados nos permitirá conocer nuestra propia historia familiar, verdadera y documentada, en lugar de informaciones genéricas.

Mención aparte merecen los escudos heráldicos a los cuales les hemos dedicado otro artículo.

 

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Firmas en los documentos antiguos

Como extensión del artículo en el que hablamos de las sorpresas en los libros parroquiales, hemos querido dedicar un “monográfico” a las firmas con las que los párrocos daban fe de la veracidad de las anotaciones.

En nuestras investigaciones históricas de antepasados encontramos documentos firmados simplemente con el nombre del sacerdote o escribano y otros con rúbricas extremadamente adornadas.

Las hay verdaderamente bonitas y algunas incluso enigmáticas, pero todas ellas tienen en común la voluntad del cura de distinguir sus inscripciones de las demás con su rúbrica de un modo claro, incluso quizás con algo de pedantería.

La siguiente recopilación se extrae de partidas sacramentales en su mayoría del siglo XVIII:Firma en libro parroquial siglo XVIII Firma antigua en una partida de bautismo Firma del cura en una partida de bautismo Firma antigua en un libro sacramental Firma del escribano en un documento antiguo Firma del cura adornada Firma antigua adornada Dibujo en firma antigua Los adornos en las firmas de los curas Los adornos en las firmas de los registros parroquiales Los adornos en las firmas antiguas de los curas Los adornos en las rúbricas antiguas Los adornos en las rúbricas antiguas de los curas Los adornos en las firmas de las partidas sacramentales antiguas Firma adornada en una partida sacramental antigua Firma del cura adornada en un libro sacramental antiguo Firma del párroco adornada en una partida de bautismo antigua Rúbrica adornada en los libros parroquiales antiguos

Firma del cura en una partida antigua del siglo XVII

 

 

Sorpresas en los registros parroquiales

Los libros parroquiales guardan toda la información referente a nuestros antepasados. Nacimientos, matrimonios, defunciones, confirmaciones y excomulgados forman los Quinqui Libri. Consultar un libro de éstos es siempre empezar una aventura hacia la Historia, hacia lo desconocido, entendido esto como parte de cualquier investigación.

No obstante en sus páginas hay mucho más que noticias sobre nuestros ancestros. Los libros parroquiales se convirtieron en muchos lugares en auténticos registros de los sucesos más llamativos del pueblo y el párroco, como hombre entendido en letras, en su cronista. Tal vez él fuera de los únicos que supieran leer y escribir entre los parroquianos y, además, con un interés por transmitir los hechos más relevantes del mismo modo que recogía la información de sus fieles.

Los párrocos solían dejar estos apuntes históricos sin entorpecer los registros, por ejemplo, de nacimientos. El final de cada uno de los libros que formaban el Quinqui Libri era un buen lugar para dejar estas noticias, como también las primeras páginas o las últimas del mismo Quinqui Libri y, en algunos casos, las mismas portadas por su parte interior. Todo iba en función de lo que el párroco quería dejar para la posteridad.

Así, se pueden encontrar auténticas sorpresas en los libros parroquiales e incluso joyas. Noticias sobre procesiones rogativas, mejoras en el templo, catástrofes o epidemias sufridas por el pueblo o visitas de personajes ilustres son los temas más repetidos. Las propias firmas antiguas de los curas son en ocasiones también dignas de ver.

En algunos casos aparecen también dibujos, oraciones, poemas o adornos como los que se ven en las imágenes que acompañan a este texto, algo que nos demuestra que el tiempo de dedicación no tenía en otras épocas el valor que le damos actualmente.

Adornos en los libros parroquiales

Dibujos como este constituyen auténticas sorpresas en los libros parroquiales

Dibujos en los registros parroquiales

Pero también hay lugar para el misterio. En una parroquia de la provincia de Albacete apareció un texto misterioso tanto por el contenido como por su composición en cuadrado.

Los palíndromos como éste son cuadrados mágicos que pueden leerse en todas las direcciones. De izquierda a derecha, de derecha a izquierda, de arriba a abajo y de abajo a arriba, el resultado siempre es la misma oración. La traducción podría ser “el sembrador Arepo (sator Arepo) mantiene (tenet) las ruedas con destreza (opera rotas)” aunque también cabrían dos más: “el sembrador Arepo toma con cuidado el arado” y “el sembrador en su carro dirige con destreza las ruedas”.

Los crucigramas son algunas de las sorpresas que podemos encontrar en un libro parroquial

Esta inscripción apareció por primera vez en las ruinas de Herculano y Pompeya aunque también hay constancia de ella en Inglaterra, en Siena y en Malta.

Muchos han intentado buscarle un mensaje oculto y, tal vez, lo hayan encontrado. En 1926 tres estudiosos descubrieron que al disponer las letras en forma de cruz con la N en el centro aparecía la expresión PATER NOSTER, mientras que con las A y O sobrantes se formaba el alfa y omega, el principio y el fin, que acompaña a las celebraciones litúrgicas. Expresado gráficamente sería así:

Crucigrama resuelto en un libro parroquial

Esta inscripción podría remontarse a los símbolos que los primeros cristianos utilizaban para reconocerse de modo seguro y esconder así su fe ante las persecuciones romanas. De este modo tendrían sentido otras traducciones atribuidas a este texto como “el creador produce su obra por círculos” o “Dios tiene en sus manos las obras”.

Pero aún hay más: combinando las letras del texto aparecieron más frases que se pueden atribuir al lado del bien y otras al lado del mal. De este modo se enraizaría con las creencias populares en cuanto a protección y curación puesto que muchos ritos de “curación” finalizaban con estas palabras. El hecho de encontrase en un libro parroquial puede relacionarse con el hecho que se trate de una inscripción con referencias religiosas y que al mismo tiempo sirva como protección.

 

Los índices en los libros parroquiales

Cuando nos enfrentamos a la búsqueda de datos de nuestros antepasados, podemos tener una ayuda excelente si contamos con un índice para dichos libros. Algunos de los viejos libros sacramentales ya cuentan desde muy antiguo con estos índices con muy distintos formatos.

indice-nombres

Lo más habitual es encontrar índices por orden alfabético del nombre o bien del apellido. En el caso de libros de bautismo suele aparecer el nombre del bautizado y uno o dos apellidos, o incluso el nombre de sus padres, como pudiera ser por ejemplo: “Catalina García hija de José y Lucía González”, sobreentendiéndose que José se apellida García al igual que su hija, por lo que no se repite en el escrito su apellido.indice-apellidos

Si se trata de índices de libros de matrimonios el criterio habitual es el mismo orden alfabético, en este caso referido habitualmente en primer lugar al nombre del marido, y a continuación el de la esposa.

Para los libros de defunciones fundamentalmente sería la misma idea del de bautismos, si bien en el caso de niños puede que aparezca la expresión “un párvulo hijo de….” en lugar del nombre del niño.

Otra posibilidad es que el índice sea cronológico, apareciendo los nombres en el mismo orden que están en el libro al ser la fecha (de más antigua a más moderna) el criterio de ordenación. Este segundo tipo de índice puede resultar más incómodo que el anterior cuando desconocemos la fecha del hecho, pero al menos es más rápido que tener que ir pasando hoja por hoja todo el libro a la búsqueda de nuestro antepasado.

En la búsqueda en dichos índices será aconsejable fijarnos no sólo en el nombre sino también en los apellidos. En ocasiones no hay manera de que aparezca nuestro antepasado directo, y sin embargo nos tropezamos con otras personas que tienen los mismos apellidos, con lo que si coinciden los padres puede que nos proporcione datos de los abuelos, de forma que nos permiten avanzar una generación más.

Incluso es posible encontrar índices estructurados por linajes o familias. OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Evidentemente estos índices no son perfectos, y puede ocurrir que ese antepasado que no aparece en el índice sí que aparece en el libro, por lo que no podemos descartar si no está en el índice que haya habido un descuido. La recomendación, por tanto, sería revisar el libro hoja a hoja por si ha ocurrido un error de este tipo. Puede suceder incluso que la persona haya adoptado como nombre el de su abogado (santo al que se encomendaba al bautizado), de forma que de nuevo unos mismos apellidos pueden en este caso conducirnos exactamente a la persona que buscamos.

Los índices antiguos no tienen una ubicación fija, y si bien lo más habitual es que se encuentren al principio del libro, puede que también los encontremos al final o en unas hojas intermedias; incluso no es raro que se encuentren en cuadernillos anexos al libro o en libros aparte exclusivos para índices.

También nos podemos encontrar índices modernos, hechos a mano o con ordenador, con todos estos tipos de criterios de ordenación, cronológicos, alfabéticos por el nombre o por el apellido. En cada caso como siempre nos tocará adaptarnos a lo que tengamos.

Ya por último puede que existan bases de datos informatizadas, bien particulares o públicas, que recojan los datos que buscamos, incluso por internet como FamilySearch, que facilitan la búsqueda ya que permiten ampliar nuestro radio de acción a otros pueblos, encontrándonos a veces con sorpresas sobre dónde nace, se casa o muere nuestro pariente en el caso que por alguna razón no fuera en el mismo pueblo, encontrándonos más de una vez movimientos migratorios insospechados, que sin estas bases de datos serían muy difíciles de localizar.

Problemas en la investigación genealógica con nombres, apellidos y lugares

Un estudio genealógico de antepasados ofrece muchas sorpresas. Tal vez la que más emociona es el origen desconocido hasta el momento de aquel antepasado lejano, es decir, su lugar de nacimiento. De repente, las preguntas. ¿Por qué llegó hasta aquí? ¿Por qué eligió este destino y no otro? Y, en la mayoría de casos, ¿alguien sabe situar en el mapa ese pueblo?

Tal vez a pocos se les ocurra preguntarse cómo fue la vida de sus antepasados y reconstruirla, algo que es posible conseguir aunque a veces haya que afrontar numerosos problemas en la investigación genealógica.

Uno de los principales retos es la transcripción de la escritura antigua. Según se avanza en el tiempo se hace más compleja, con abreviaturas y con expresiones muy alejadas de nuestro vocabulario coloquial. Probablemente en algunas partidas aparezcan el mismo nombre escritos de diferentes formas. Por ejemplo, José puede aparecer como Joseph, Josef o incluso como Giusep. Esto también sucede con los apellidos, por ejemplo, la X de un documento antiguo acaba convirtiéndose en G o en J: De Xea en De Gea, Ximénez en Giménez o Jiménez, etc.Como intentar evitar problemas en la investigación de antepasados

El asunto se complica cuando se trata de apellidos poco comunes o de origen extranjero. Además, hay veces que los mismos apellidos pueden causar confusión por escribirse de diferente manera o por sufrir variaciones en el tiempo. En las zonas repobladas tras la expulsión de los moriscos, los morisquillos que quedaron al cargo o al servicio de los cristianos adoptaron su apellido. Es el caso de Juan Ausias, natural de un pueblo alicantino y adoptado por Juan Calderó, cuyos descendientes fueron conocidos durante dos siglos como Ausias o Calderó, indistintamente.

Y a todo esto se le puede añadir la mala caligrafía del párroco, la castellanización del apellido o la escritura según se pronuncia para estar delante de un problema que puede detener la investigación. ¿Qué hacer ante esta situación? La investigación genealógica necesita de la Historia y viceversa ya que consultando otras fuentes de archivo como los censos o publicaciones que traten de la historia local, se empieza a ver la luz. Así pues, lo más aconsejable es contactar con especialistas en Genealogía e Historia, acostumbrados a este tipo de casos reales, como el de Pedro Lavisera Sincalbres.

Según el archivo parroquial, nació Pedro en 1783, hijo de Guillermo y Ana. En la partida se indicaba el origen de los padres: él nacido en Sigrasierra y ella en Almansa, aunque los dos provenientes de Francia. La búsqueda se complica cuando una hermana de Pedro figura con el apellido Labesiera y el pueblo de nacimiento del padre es Siglasierra. Para complicar más el asunto, el apellido Sincalbres aparece escrito hasta de cinco formas diferentes. En resumen, hay muchas variantes escritas sobre el mismo apellido y sobre el pueblo. ¿Cuál es correcto? Sólo coinciden en su origen: Francia.

El Macizo Central francés es un pueblo de emigrantes. En la segunda mitad del siglo XVIII aumentó la población que dejaba la región a causa de las malas cosechas. El destino solía ser Alemania o España, concretamente Madrid, Valencia, Aragón y La Mancha. Los emigrantes trabajaban sobre todo como caldereros, llegando a formar incluso compañías entre ellos. Siguiendo esta pista, se llega a la población de La Ségalassière, en la región de Auvernia departamento de Cantal, en el distrito de Aurillac. Esta población guarda cierto parecido fonético con los nombres de las partidas y, tras la oportuna comprobación en los archivos, aparece el apellido en su modo original francés: La Bessière, castellanizado como Lavisera. Lo mismo sucede con el otro apellido: Sincalbres, castellanizado como Sinqualbres.

Desde ahí, tan sólo queda investigar, reconstruir la vida de aquellos hombres y mujeres que un día dejaron sus vidas en otros lugares para instalarse en busca de una vida mejor para ellos y sus familias, algo que al fin y al cabo se repite hasta nuestros días.

 Y tú, ¿te has encontrado con un problema similar? Coméntalo…

Los libros de difuntos en la Genealogía

Lo cierto es que la mayoría de la investigaciones genealógicas suelen avanzar basadas principalmente en los libros sacramentales de bautismos y de matrimonios, viendo que encajan los datos de unos con otros sucesivamente.

Por el contrario, los libros de difuntos o libros de defunciones suelen ser los grandes abandonados debido a varios motivos que condicionan su consulta:

  • No suelen ser fáciles de manejar, ya que no tienen un formato fijo como lo pueden tener los otros dos tipos de libros
  • Normalmente no se tiene una fecha aproximada de defunción sino un amplio rango de años en el que buscar, pudiendo tener que revisar hoja por hoja todos esos años si no hay un índice, cosa bastante común
  • No podemos tener en la mayoría de los casos, la certeza de que la defunción haya ocurrido en una localidad concreta, de forma que nuestra búsqueda allí puede ser infructuosa.
  • Suelen ser además libros penosos de ver, por la cantidad de niños que aparecen fallecidos. La mortalidad infantil era muy alta, y muchos niños fallecían antes de cumplir los dos años, incluso en fechas relativamente recientes como finales del siglo XIX. La anotación lateral de “Párvulo” ya anuncia que ha fallecido un niño, para el cual normalmente no llega a aparecer ni su nombre en el apunte, apareciendo sólo el de sus padres. A efectos de identificación, al lado de su inscripción en el libro de bautismo suele aparecer una nota diciendo “Murió” de forma que se puede sobreentender que aquél párvulo fallecido se corresponde con este bautizado que murió.

Sin embargo, las actas de defunción o de enterramiento suponen en ocasiones un avance por los datos que pueden proporcionar. En alguno de estos apuntes aparece quiénes son Partida antigua en los libros de difuntoslos testamentarios, encargados de que se hiciera cumplir su testamento, y quiénes son los herederos del finado, completándonos quizá la lista de descendientes que pudiéramos tener de esa persona. Los más completos informan también de si el fallecido dejó encargado que se dieran misas por su alma y por la de sus padres y abuelos, o incluso si desean enterrarse en el mismo lugar que alguno de ellos, y si los nombra nos permite conocer quiénes eran, de forma que nos permite avanzar una generación más.

Es curioso además el hecho de apreciar en las anotaciones de estos libros las costumbres de aquellos tiempos: cuando el fallecido había dejado testamento el texto se indica como acepta la enfermedad que Dios le ha dado y trata de dejar arreglado lo mejor posible la cuestión de su salvación, encargando todas las misas y ofrendas (panes, velas,…) que su posición económica le permite. Muchas veces el fallecido es amortajado con hábito franciscano; otras encarga misas por su alma o la de otros familiares fallecidos en “altares privilegiados” que servían para sacar a las almas del purgatorio. También se suelen ofrecer misas por “penitencias mal cumplidas”, por las “ánimas del purgatorio”, por los que “mueren por los caminos”,… y por supuesto que se le “hagan honras y cabo de año”. A falta de escribano en la localidad se puede encontrar incluso que el testamento se hace ante el “fiel de fechos” que era una persona de confianza de la localidad.

Por otra parte estos libros de difuntos actúan también a modo de libro contable de la parroquia, anotándose en ellos si se había “cumplido” con el pago correspondiente a cada una de los ritos encargados, o si por el contrario no se había cumplido por falta de dinero. O qué bienes se habían llegado a dejar en pago de lo encargado. Y por supuesto si el difunto no disponía de dinero para su entierro o misas aparece la anotación de Pobre, o incluso Pobre de solemnidad en el correspondiente apunte, limitándose a los servicios mínimos.

Algunas cosas no han cambiado demasiado…

 

El método genealógico – La genealogía correcta

Cualquier persona puede, en algún momento de su vida, preocuparse por los orígenes de su familia o de sus apellidos. Algunas se quedarán en la mera curiosidad sin llegar a realizar ningún estudio sobre ello y otras acabaran realizando algún tipo de investigación. En tal caso, las opciones a escoger son de dos tipos: la persona interesada realizará la investigación por su cuenta o bien encargará un estudio genealógico profesional. El resultado será totalmente diferente según la vía que se escoja, tanto desde el punto de vista de consecución de resultados como de inversión de tiempo.

Metodología

método genealogía

A pesar de que, en principio, el estudio de la historia familiar puede ser afrontado sin una formación específica en la materia, éste es un tipo de trabajo que se sitúa dentro de una disciplina científica y eso conlleva la utilización de una metodología determinada. La puesta en práctica de un método nos permite conseguir unas conclusiones válidas en las cuales existe un menor porcentaje de error. No olvidemos que la historia, y todo lo que la envuelve, debe de estudiarse de la forma más objetiva posible con el fin de conseguir llegar a conocerla correctamente.

En la realización de un estudio genealógico deben tenerse en cuenta una serie de reglas, la utilización de las cuales, con un método concreto y riguroso, nos permite incluir estos trabajos dentro del campo científico.

Fuentes de información

En primer lugar siempre debemos de preferir las fuentes documentales a la orales, priorizar las espontáneas a las preparadas, dar prioridad a los testimonios oficiales sobre los relatos personales y, finalmente, contrastar a partir de otros documentos cualquier dato que deba hacerse constar.

La buena práctica del método debe de observarse en el seguimiento de una serie de principios que permiten ejecutar de una forma más objetiva el progreso de nuestra reconstrucción genealógica. Las fuentes cuyo autor están más cercanas en el tiempo y lugar a los hechos que se narran tendrán total prioridad en nuestro proyecto. La comprobación de la veracidad de los documentos trabajados y la identidad de las personas que en ellos aparezcan es un aspecto imprescindible para evitar los errores en la búsqueda genealógica.
Uno de los errores típicos que suelen cometerse es la confusión que pueda darse entre personas con un mismo nombre que pertenecen a un mismo linaje, o incluso entre personas con los mismos nombres y apellidos. Ante tal situación deberemos cerciorarnos de la identidad concreta de cada miembro de la familia en base a otros datos o fechas y valorar la posibilidad de haberse producido cambios de nombre o apellidos a lo largo de sus ciclos vitales.

Libros antiguosFinalmente, el examen de los documentos antiguos conllevaría una revisión y comprobación del papel o pergamino en el cual están expedidos los datos trabajados. Aparte de los materiales de soporte es aconsejable comprobar la tinta empleada, el tipo de escritura y tipografía con el fin de ver que todos esos elementos concuerdan con la época situada. El conocimiento necesario para datar estos elementos no se adquiere de forma amateur, sino se adquiere del aprendizaje de disciplinas vinculadas con la historia como la paleografía, epigrafía o la restauración, entre otras. El saber multidisciplinar es el necesario para realizar cualquier tipo de proyecto “serio” sobre esta temática. En conclusión, podemos observar que la mano de un especialista es la necesaria para la ejecución de este tipo de trabajos.

Visión global de la Historia

La investigación de la historia familiar es tipo de estudio que precisa del conocimiento de muchas temáticas para conseguir acercarnos a los aspectos históricos de forma positiva. La búsqueda genealógica, con el fin de conseguir una reconstrucción de la historia de una familia o parte de ella, conlleva la aplicación del conocimiento humano en general. Una característica natural, podría decirse, ya que por historia siempre ha de entenderse cualquier acción, vestigio o hecho  acaecido en el pasado temporal. La vivencia que nos precede, como las contemporáneas, se produce dentro de un cúmulo de situaciones e intentar recomponerla, para conocer su “verdad”, encamina al estudioso/a a lidiar con todos los fenómenos que ayudan a que se produzca. Lo que conocemos o sabemos puede ser verdadero siempre y cuando sea extraído a partir de sus múltiples caras.

María José Zapater Pérez

Nacionalidad española por tu apellido judío

Desde hace unas semanas se vienen publicando en Internet artículos que anuncian la concesión de la nacionalidad española a todas las personas que lleven alguno de los apellidos judíos que aparecen en la presente lista.

Nacionalidad españolaEs importante que se sepa que esta noticia es ABSOLUTAMENTE FALSA tal como está redactada.

Veamos que hay de cierto y de engañoso en este tema para no crear falsas expectativas.

ES MENTIRA:

  • Que el Gobierno de España haya publicado hasta el día de hoy un listado oficial de apellidos sefardíes.
  • Que una persona pueda obtener la nacionalidad española por el simple hecho de llevar un apellido concreto.

ES VERDAD:

  • Que existe una lista de apellidos usados por personas de religión judía en España.
  • Que existe la voluntad por parte del gobierno español de reconocer a los descendientes de los judíos que fueron expulsados de España la injusticia cometida con sus antepasados hace varios siglos.
  • Que el 7 de febrero de 2014 el Gobierno de España aprobó este Anteproyecto de ley respecto a la modificación del artículo 23 del Código Civil español para otorgar la nacionalidad española a las personas que acrediten su origen sefardí. Esta Ley aún debe debatirse en las Cortes, aunque se prevee su aprobación sin demasiados cambios antes de su publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE).
  • Que las personas que se acojan a la nueva ley podrán conservar su nacionalidad de origen además de la española, es decir, tendrán doble nacionalidad.
  • Que las personas beneficiadas serán españoles de pleno derecho, de modo que podrán circular libremente y trabajar en cualquier país de la Unión Europea.
  • Que para poder acceder a la nacionalidad española deberán acreditar su condición de sefardíes y su vínculo con España, en forma y procedimiento que aún debe dictaminarse.

Aunque están por decidir aún los requisitos necesarios para optar a la nacionalidad española por esta vía, se estima que estos podrían ser algunos de los documentos que se solicitarán:

  • Un certificado emitido por la autoridad rabínica competente, reconocida legalmente en el país de residencia del solicitante.
  • Documentos genealógicos probatorios del apellido familiar en varias generaciones.
  • Acreditación del idioma familiar o cualquier otro indicio que pueda demostrar la pertenencia a la comunidad judía sefardí.
  • Un certificado de la Federación de Comunidades Judías de España en el que se acredite que el interesado es sefardí.
  • Inclusión del peticionario en las listas de familias sefardíes protegidas por España o acreditación de parentesco con una persona o familia incluida en dichas listas.
  • Cualquier otra prueba que acredite su especial vinculación con la cultura y las costumbres españolas.

Los solicitantes podrán presentar su documentación por un periodo de dos años después de que la ley se publique en el Boletín Oficial del estado del Estado, prorrogable por un año más si así lo decide el consejo de ministros.

La tramitación deberá realizarse ante el Registro Civil o el consulado correspondiente al lugar de residencia del interesado.

En Abueling.com estaremos atentos a la publicación definitiva de la Ley para ayudarte a conseguir la documentación relativa a tus antepasados españoles.

 ¿Crees que te puede beneficiar esta nueva ley? Consúltanos